En la última década del siglo XX se ha iniciado un movimiento de revisión sobre la misión de la universidad en la actual sociedad del conocimiento, incorporando a sus funciones tradicionales de enseñanza superior y de investigación una tercera que, según las propuestas principales, se basa en el desarrollo de la llamada "tercera misión" en el ámbito de los tres ejes vertebradores siguientes: emprendimiento, innovación y compromiso social. El análisis justificativo y el plan de cómo llevar a cabo la nueva misión con cierto éxito se presenta como un tema de importancia capital en la UE, dados los objetivos planteados para la universidad europea en el horizonte 2020 de una Europa del Conocimiento (Bueno Campos, 2007).
Sin embargo, no se trata simplemente de generar innovación y aplicarla: la Universidad, en el ámbito de la tercera misión, ha de adquirir una responsabilidad y un compromiso corporativo con la sociedad a la que pertenece, y muy especialmente con su entorno más próximo, su región.
En este contexto de desafíos económicos y sociales, emerge la necesidad más que nunca de impulsar un proceso ágil, flexible y eficiente de diversificación sectorial como un elemento de competitividad y futuro para el cual nuestras regiones deben prepararse. Los grandes desafíos a los que nos enfrenta los nuevos sectores emergentes se deben transformar en oportunidades para nuestro entramado industrial. Con esta idea debemos transitar hacia economías sostenibles capaces de generar actividades que promuevan la creación de empleo, directa o indirectamente, tanto en los sectores más tradicionales, como en los nuevos yacimientos que emergen ante el cambio de modelo productivo.